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EL PUESTO NAVIDEÑO DE "PAQUITO, EL CHOCOLATERO" EN EL CENTRO DE JAÉN

Este post ha sido escrito y publicado por Alex para www.galletazas.com

No conocemos su nombre y deducimos que no se llama "Chocolate", puesto que es lo único que figura al fondo, en letra grande y con pocos ornamentos de temporada. No hay rastro de nombres comerciales y cualquier intento por encontrar un pseudónimo o algo con lo que poder identificarle, nos resulta inútil. Le llamaríamos "Paquito" pero la broma sería demasiado obvia y terminaría en un bailecito jocoso y pélvico. Pero estamos de mala leche porque no nos ha tocado ni un sólo céntimo en la Lotería de Navidad, así que dejaremos las celebraciones a los bebe-champis que salen en las noticias, que nosotros nos volveremos a emborrachar con anís del mono y hojaldrinas.

Sólo sabemos que su puesto medieval comparte ubicación rodeado de otros de inciensos, alhajas, castañas asadas y viandas que todos los años se instalan en navidades en pleno centro de Jaén y que es lo único que adorna y crea un poco de ambiente frente a las cada vez más austeras decoraciones navideñas.

El caso es que "Paquito" (no hemos podido evitarlo), invita a los viandantes domingueros que pasan frente a su puesto, a probar un género que al principio llama la atención sólo un poquito: toda clase de frutos secos recubiertos por diferentes tipos de chocolate fundido, o rebozados en cacao y especias, incluso gominolas elaboradas con fruta natural. Todo lo que pueda bañarse en chocolate, ahí aparece expuesto. No podemos dejar de acordarnos del episodio de «Los Simpsons» en el que los niños visitan una fábrica de chocolate y se asoman a la cuba dejando caer todo tipo de objetos. Igual pero en rico.

Puede parecer algo a lo que ya estamos más que acostumbrados tras patearnos cines y tiendas de chucherías, pero creednos cuando os decimos que las combinaciones de sabores, y los matices de canela y nuez moscada de las avellanas trufadas, las almendras trufadas en cacao puro, o el espectacular plátano seco crujiente y cubierto de chocolate, nos llegó a lo más profundo de la amígdala. Las bolitas de gominola de picota cubiertas de chocolate fueron simplemente demasiado. Al instante estábamos con los pantalones bajados, la cartera en la mano y suplicándole que nos hiciera lo que tuviera que hacernos pero que nos diera más de aquello. Por un momento llegamos a olvidarnos de los ridículos tocones recién podados, su cablecito, y su docenita de LEDs blancos de las avenidas, y un poco de Navidad acudía al rescate hacia nuestras bocas.

¿El nombre? Le preguntamos pero nos dijo que no había ninguna marca detrás ni forma de contacto posible, pero nos animaba a difundir el chocolateado mensaje, y como buenos heraldos del gordismo así lo hemos hecho. Suponemos que el anonimato es el precio que hay que pagar por un puesto medieval en pleno centro de Jaén.

Si podéis, id, probad y comentad. Tenéis hasta el 6 de enero para acudir a la plaza de Deán Mazas cargados con servilletas e insulina.

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