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LA SÚPER RECETA DE LOS MANTECADOS MANCHEGOS, EL ESPÍRITU NAVIDEÑO QUE TE PUEDES COMER

Este post ha sido escrito y publicado por Alex para www.galletazas.com

Diciembre. Nos acercamos inexorablemente hacia las fechas más entrañables del año: Navidades. Y ya sabéis lo que eso significa, queridos tragaldabas que os atragantáis frente a estas líneas: que cualquier cosa capaz de albergar su propio peso en manteca, almendras y azúcar, está destinado a hacerse hueco en nuestra mesa, y en nuestros michelines. Ya sabéis: esas roscas que aparecen misteriosamente sobre nuestro abdomen, y que dejan sudorosas líneas rojas en las calurosas tardes de agosto.

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INGREDIENTES (para unos 55 Manchegos de bocadito)

  • 375 gr. de harina
  • 200 gr. de manteca de cerdo a temperatura ambiente
  • 3 cucharadas soperas de azúcar
  • 50 ml. de vino blanco
  • 2 huevos
  • 1 cucharadita de canela
  • Ralladura de un limón
  • 1 sobre de levadura química tipo Royal
  • Azúcar glass para rebozar

PREPARACIÓN

En primer lugar parece mentira que una cosa tan rica pueda salir de las lorzas de un marrano y de un poco de vino. Casi podría decirse que los Manchegos son la manifestación física de nuestros sábados noche perdidos frente a las barras de las tabernas de la ciudad.

Así que comenzaremos este sueño húmedo de grasa y alcohol mezclándolo todo a mano o a máquina empleando el accesorio amasador hasta que la masa deje de adherirse al recipiente, conseguiendo una hermosa, grasienta y espectacular pelota de Nivea.

Como hay que mantener la masa en reposo durante al menos un par de horas, la envolveremos en film transparente para que no se reseque y la meteremos en la nevera a dormir la siesta. Dos horitas dan para un buen momento de lectura junto a la estufa, aprovechad para tomaros un momento de relax y reconciliación con el universo.

Tras el reposo, sacaremos nuestra pelota obesa de la nevera y la extenderemos sobre la mesa con un rodillo , utilizando sólo una pizca de harina en el caso de que empezara a adherirse. ¿Por qué sólo una pizca? la masa ha de ser jugosa y a la vez consistente, sin que llegue a pegarse a las manos. Si nos excedemos con la harina conseguiremos un Manchego muy reseco, que explotará en la boca adquiriendo una textura arenosa que se beberá todos tus fluidos corporales. Morirás en una esquina asfixiado por los pellejos de tus propios labios.

Precalentamos el horno a 150ºC y extendemos la masa con un grosor aproximado de 1cm. cortándolos en círculos. Nosotros hicimos nuestro propio cortador de 2cm. y medio de diámetro con láminas de aluminio. Seguro que tenéis algo parecido en casa, si no, un vaso de chupito hará el apaño aunque salgan más grandes y menos cantidad.

Ha llegado el momento de hornearlos. Lo haremos a 150ºC durante 50 minutos sin dejarlos que lleguen a dorarse en exceso. Recordad que un Manchego demasiado seco puede mataros. Para ver si están hechos, lo que nosotros hacemos es abrir uno en canal durante el horneado. Si el interior no está húmedo, ¡voilá! los retiramos. Si sigue húmedo, recomponemos el mantecado con los deditos para no desecharlo y seguimos horneando.

Para terminar rebozaremos los mantecados en azúcar glass mientras aún estén calientes, para que éste se adhiera con mayor facilidad y esperaremos a que se enfríen para cebarnos con ellos como animales de bellota. En caliente sabrán a masa cruda, pensaréis que no os han salido bien y los mandaréis a paseo. ¡Error! os sorprenderíais la de veces que nos ha asaltado esa sensación y el sabor que adquieren pasadas unas horas o incluso un día.

Para terminar, no sólo nos sirve con haber rebozado los Manchegos en azúcar glass, los espolvorearemos además con la ayuda de un colador o un tamiz para darle el toque final y ese aporte de calorías extra que tanto nos gusta.

¿Qué? ¿Cómo os sentís cuando descubrís que sois capaces de autoabasteceros con un alijo de mantecados de creación propia y en apenas cuatro pasos? ¡Bon appétit!

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