Si tiene azúcar, puede cocinarse!

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HOY COMEMOS EN... «LA MAFIA SE SIENTA A LA MESA»

Este post ha sido escrito y publicado por Alex para www.galletazas.com

Para celebrar el primer post de esta serie queremos compartir con vosotros -¡oh nuestro pequeño pero bien avenido puñado de lectores!- nuestro almuerzo del pasado domingo. Porque como buenos domingueros y disciplinados votantes, decidimos que era buena idea colgar el mandil en casa y probar suerte con un italiano tras la fiesta de la democracia.

El restaurante italiano «La Mafia» está construido sobre los restos del antiguo cine Cervantes y estratégicamente ubicado a escasos metros de la Catedral. Apenas lleva entre nosotros un par de años en los cuales nuestro único intento por acudir a comer espontáneamente y sin reserva, fue fracaso absoluto. Supongo que la novedad nos pudo. Tratamos de poner cara de pena, pero Mariades es de ceño inexpresivo y no le salió. Eso arruinó nuestra ya de por sí débil credibilidad y tuvimos que volvernos con el estómago vacío.

Esta vez con las aguas más calmadas, lo volvimos intentar y en esta ocasión pudimos sentarnos a la mesa. Y es que en Jaén somos extremadamente explosivos con las novedades pero nos desinflamos a la misma velocidad: nos encanta ese bar nuevo que es un asco y ya no nos gusta.

Es raro subir por las mismas escaleras del cine en las que antaño un tipo alzaba la mano y te requisaba la bolsa con comida a la que te aferrabas para ver tu película del sábado. Ironías de la vida que las mismas escaleras te inviten a sentarse a la mesa de esta franquicia de camareros ataviados con uniforme inspirado en los antiguos hosteleros, quizás de un Chicago de los años 30.

Cuando entras en un restaurante autodenominado "Mafia" esperas al menos el ambiente viejuno y recargado de las películas del género o de al menos el casposo y sesentero de «Scarface» -ya sabéis, con alguna figura de flamenco rosa colocada en alguna esquina-, pero en su lugar nos encontramos una estética bastante moderna: formas angulosas, tonos blancos y negros y contrastes por doquier, por lo que dedujimos que debía de tratarse de algún clan sueco de crimen organizado. El local se nos antoja poco luminoso. De los que te levantas a orinar bien cargado de lambrusco y terminas sentado en otra mesa conversando con una anciana y preguntándote cómo puede ser que tu pareja haya envejecido tanto en escasos tres minutos. Pero eso sólo si no tienes la suerte de sentarte frente a los grandes ventanales que apuntan a la concurrida calle de Bernabé Soriano. Pero vamos a lo que nos importa.

LA COMIDA

Frente a nosotros y nada más sentarnos, apareció una cesta de Crostini -pensad en los archiconocidos "picos" de pan, alargados hasta convertirse en una palito de pan crujiente-, y un par de bollos calientes con mantequilla para untar. Algo que agradecimos porque tardamos un buen rato en descifrar los entrantes y hacernos una idea de si reventaríamos o nos quedaríamos con hambre. Nunca había mojado un crostini en mantequilla y la verdad es que ganan un 100% en sabor, probadlo si os atravéis, el hambre y la desesperación os empujará a ello.

Bruschetta de jamón serrano, provolone y rúcula

Este fue nuestro entrante elegido. Parecía sabroso y sabíamos lo que llevaba, así que apuntamos con el índice y dijimos "uno de estos".

La bruschetta es lo que viene a ser una tosta de toda la vida, y en concreto ésta venía con tomate seco, un toque de rúcula y unos trocitos de queso provolone bajo una loncha superfina y abundante de jamón serrano muy muy jugoso cortado al rayo láser. Si había que empezar con buen pie, con el entrante nos metimos de lleno con los dos.

Buenísima bruschetta. Una forma glamourosa de llamar a una tosta nacional.
Buenísima bruschetta. Una forma glamourosa de llamar a una tosta nacional.

Para los amantes de los quesos, hay que comentar que el provolone se nota intenso, ácido y sabroso al primer bocado. Para quienes no lo sean tanto, decirles que luego el sabor se disipa y es donde los otros sabores entran en juego especialmente el del tomate seco que aporta ese punto de viejuno equivalente a lamer la cómoda de la abuelita del pueblo. Una locura de sabor. El crujido de la rúcula al masticar aporta un puntito justo de frescura al conjunto y el jamón se mantiene presente en todo momento manteniendo a raya al resto de sabores.

Un poquito grasiento diríamos si hubiera que matizar algún punto negativo, pero nada aberrante si tenemos en cuenta que el jamón sudaba como un runner en agosto y que precisamente esta es la característica que denota un buen jamón: la grasa que te hace carraspear. Dios mío, si váis pedidla porque os va a encantar.

Papardelle Peponne

Quizás fuera la pasta que elegí, que no era rellena. Ya sabéis que en este tipo de italianos eliges el tipo de pasta y, aparte, el acompañamiento. Pues muy acertado no tuve que estar con estos papardelle acompañados de una salsa de tomate, champiñones, ternera y pepperoni. Al menos eso es lo que pensé cuando probé el primer bocado.

Ni fú ni fá. Falló la elección de la pasta. Pero, aunque monótona, estaba buena.
Ni fú ni fá. Falló la elección de la pasta. Pero, aunque monótona, estaba buena.

El sabor ácido del tomate y el suave punto picante es la primera sensación que te llega al probarlos. A veces hasta nos sentíamos afortunados cuando nos encontrábamos un champiñón y rompía un poco la montonía del plato. Sólo cuando un trozo de peperonni se colaba entre la pasta era cuando el plato se llenaba de sabor, de picante y de fuerza, pero luego volvia a ser monótono y un poco aburrido. ¿La solución? kilos y kilos de parmesano. ¡Ah el parmesano!, el ketchup de los italianos, el comodín del público, el hombro amigo para apoyarte y llorar. Nos encanta el parmesano, pero sólo cuando lo empleamos por gusto y no por necesidad.

La pasta estaba en su punto y el plato saciaba bastante el ansia glotona. Sólo yo me culpabilizo por la elección. Otro tipo de pasta, quizás rellena de ibérico, hubiera intensificado y complementado más una la receta, para nuestro gusto un tanto plana en sabor. Tomen buena nota los camareros para ilustrar a los clientes y aconsejar una pasta en consonancia.

Girasoles de parmesano y nueces a la carbonara

¿Habéis almorzado alguna vez con Mariades? Si es así descubriréis que si las nueces y la carbonara están implicadas en la receta, allí estará ella para pedirla. Fan número uno de esta salsa para pasta en los restaurantes italianos es difícil verla aventurarse por otras sendas, así que no resultó raro verla pedir esta combinación en nuestra aventura gastronómica.

Si fallas en la carbonara, no mereces nuestro respeto. Debería ser un dogma en cualquier restaurante italiano.
Si fallas en la carbonara, no mereces nuestro respeto. Debería ser un dogma en cualquier restaurante italiano.

Pensad en el plato anterior pero al contrario. Esta vez la salsa carbonara era perfecta. Bacon abundante, sabroso y con toque salado que impregnaba toda la mezcla aportando espuertas y espuertas de sabor. Porque aquí el sabor, cuando alcanza cotas majestuosas, lo medimos en espuertas.

Carentes de un espectrómetro de masas, nos era imposible asegurar si la salsa contenía parmesano, aunque a juzgar por el picorcillo de una garganta destrozada por la alergia, diríamos que sí, incluso podríamos jugárnosla diciendo que tal vez hasta podría contener un chorrito de Jerez o un vino seco similar añadido a la crema. ¡Si algún chef de "La Mafia" nos está leyendo, agradeceríamos que nos sacara de la duda!

Los girasoles rellenos de nueces, parmesano y cocida al punto, rinden como esperábamos: con un sabor suave, sin matices especialmente marcados y el puntito característico de las nueces. Si la otra pasta se caracterizaba por un sabor plano y monótono, la combinación de una carbonara con carácter y una pasta de relleno suave, es perfectamente funcional, se disfruta ¡y no aburre! ¿Carbonara? clásica pero valor seguro.

Por cierto, si alguna vez os preguntan, la auténtica carbonara no lleva nata ni bacon, sino panceta, huevo, parmesano, ajo y aceite de oliva.

EL POSTRE

Y lo escribimos en grande, como título, porque nos gusta el postre, lo necesitamos, lo idolatramos y nos encanta... menos hoy.

Tarta de queso con dos texturas

La experiencia merece la pena y podéis reproducirla en casa con facilidad: hacéis un canutillo con un billete de cinco euros, encended un mechero, prendedlo y observad como se esfuma al igual que vuestras expectativas.

¿Buena pinta verdad? Quedaos con el aspecto, es lo único bueno que tenía.
¿Buena pinta verdad? Quedaos con el aspecto, es lo único bueno que tenía.

Aunque de presentación impecable, elegante y totalmente apetecible, en nuestra infancia hemos comido suficiente poliespán como para saber que si no más sabroso al menos es más barato.

Podríamos comer tarta de queso a dos carrillos y con una espumadera durante horas y sólo nos sabría a los frutos rojos usados como decoración. Con esto queremos decir, que ni una textura ni la otra, ni siquiera la galleta que hacía de base sabían a absolutamente nada. Que la guarnición del postre sepa más que el mismo postre, hace llorar al Niño Jesús.

Hasta incluso tratamos de mojarlos en esas goterones tan cuquis esparcidos por el plato que sospechábamos eran de chocolate blanco pero... ¡HORROR! el sabor tan particular cantaba tanto a sucedáneo industrial, y no de los buenos precisamente, que el mismísimo Chicote habría comenzado en ese momento a morderse el antebrazo. Estuvimos a punto de volver a pedir el parmesano.

Algún día hablaremos sobre el márketing de la comida, y de cómo añadir la coletilla de "...con nubecitas de huevo" al huevo que se os ha cortado al verterlo en un sopa, os permitirá quedar como señores (si cuela).

EPÍLOGO

Nuestra experiencia en "La Mafia" fue bastante satisfactoria. Con altibajos, sí, es difícil juzgar un sitio por sólo cuatro platos de su carta. Aunque nos aconsejaron a nuestra llegada y estuvieron muy acertados con los entrantes, un par de puntualizaciones sobre la combinación de pasta y recetas habría evitado mezclas sosas y aburridas. Aún así disfrutamos mucho de todos los platos, excepto del postre aberrante, y no es un sitio barato precisamente para jugártela .

Almorzamos dos adultos por un importe cercano a los 50EUR sin vinos ni cafés. Cantidades razonables a un precio un tanto elevado sin olvidarnos de que se trata de pasta. No para acudir cada fin de semana pero sí para disfrutarlo en ocasiones especiales o acontecimientos de empresa.

¿Dónde acabaremos la próxima vez? Nosotros ya lo sabemos.

  • THE HAVOCHace 3 años

    Una puntualización respecto al postre: no conocemos la dinámica interna de una cocina en un restaurante, pero creemos que SIEMPRE hay que probar lo que estás cocinando.

    A veces encuentras sorpresas desagradables en tu propio plato que con una pizca de sal, un poco más de azúcar o pequeños detalles pueden arreglarse completamente.

    Cualquiera puede despistarse, pero pagar por un despiste de otro, es un fastidio.

    ¿Alguien recuerdas unas torrijas fritas con aceite de ajo? Yo sí.

  • TETEHace 3 años

    Jajaja k malas estaban!!!!! Muy bueno este post. Gracias por informarnos!,

    Aunque quiero que un dia me lleves al foster! Qu no termino de verle el punto yo..besoss

  • MARIADESHace 3 años

    Pronto pronto!! ñam ñam

  • CARLOSHace 3 años

    Como bien apuntáis en el post, es un restaurante algo caro para jugartela y sobre todo en los postres, que es el momento culmen de la comida, por lo menos para mí, por eso rogaría que, si hay algún responsable del establecimiento leyendo estas líneas, apueste por unos postres seguros, detallistas, cremosos, ricos, generosos, incluso me atrevería a decir orgasmicos...como los que hace "uhmmm cookies" estoy seguro que "La Mafia" tendría un antes y un después. Chicos felicidades por el blog¡¡¡

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